Programa Académico-Cultural 2016

El descubrimiento de la Ruta del Pacífico abrió el camino para la globalización y los encuentros entre Oriente y Occidente

El descubrimiento científico del Siglo XVI que permitió el viaje desde Asia a América a través del Océano Pacífico, conocido como el tornaviaje, posibilitó el comercio de mercancías y el intercambio de conocimientos entre Oriente y Occidente.

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El descubrimiento científico del Siglo XVI que permitió el viaje desde Asia a América a través del Océano Pacífico, conocido como el tornaviaje, posibilitó el comercio de mercancías y el intercambio de conocimientos entre Oriente y Occidente, al conectar a América y Europa con China,  y fue el principio de la globalización.

Esta es la conclusión a la que arribaron la Dra. Leticia Mayer, antropóloga social e Investigadora del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la UNAM (IIMAS-UNAM) y el profesor Zhang Kai, investigador del Instituto de Historia de la Academia China de las Ciencias Sociales (CASS por sus siglas en inglés), en la mesa redonda La ruta del Océano Pacífico y los primeros hispanos en China en el siglo XVl, la cual fue moderada por Pablo Mendoza, Coordinador Académico y Cultural de la Sede de la UNAM en China.

El evento se realizó en el Salón de Actos del Instituto Cervantes de Pekín (IC Pekín) y fue organizado en colaboración con la Sede de la UNAM en China, al que asistieron los titulares de ambas entidades, la Dra. Inma González del ICE Pekín y el Dr. Guillermo Pulido de la UNAM en China, así como los consejeros culturales de la embajadas de España, Perú, México y público en general.

Por más de 40 años, seis expediciones de barcos españoles llegaron a Asia desde América, pero nunca lograron hacer el viaje de regreso. ” Era un viaje muy duro, del cual salieron 105 españoles y sólo regresaron 17. Tardaron casi cuatro meses en llegar a América” hasta que el fraile agustino Andrés de Urdaneta, en 1565, identificó las corrientes marítimas que van del norte de Japón hasta California, lo que impulsó a las embarcaciones para completar el viaje intercontinental.

Se conoce más sobre los viajes de Cristobal Colón y el descubrimiento de América, pero poco se ha explorado la figura del fraile Urdaneta, ya que gracias al descubrimiento de la ruta marítima, los primeros hispanos se instalaron en Filipinas y comenzaron sus intentos por acceder al gran Reino de la China, comentó en entrevista la Dra. Mayer.

“Ese intercambio entre Europa, América y Asia hizo que los europeos se replantearan muchas cuestiones, especialmente la llamada ley natural y los universales. En China se encontraron con muchas cuestiones que eran tabú en Europa y que en cambio para los asiáticos eran una práctica común”, explicó Mayer.

“Uno de los más destacados (cambios) fue la declaración del jurista Francisco Suárez, quien llegó a decir que no existía ley natural, sino que había ley positiva”,  destacó Mayer.

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La investigadora de la UNAM, autora del libro Rutas de la Incertidumbre Ideas alternativas sobre la génesis de la probabilidad, siglos XVI y XVII (2015), agregó que este capítulo histórico debe reivindicarse en el Siglo XXI, porque este es el primer momento de lo que hoy conocemos como globalización.

La Dra. Mayer señaló que el papel que desempeñaron España y México ha sido olvidado por la narrativa de la historia mundial contada principalmente por los ingleses a partir del Siglo XVIII, pero ambos países fueron protagónicos en el encuentro entre Oriente y Occidente.

En ese entonces la Nueva España, en particular el puerto de Acapulco, de donde zarpaban los barcos, jugó un papel central en el comercio mundial con la creación de la ruta marítima de la Nao de China o el Galeón de Manila.

Tras la conquista de Filipinas, los españoles buscaron afanosamente entrar al reino de China, pero su oportunidad llegó de forma circunstancial.

En 1574 el pirata Limahon, que contaba con una flota de 62 barcos y más de 2000 tripulantes, acosó las costas del sur de China hasta que las autoridades intentaron negociar con él. Sin embargo, los emisarios del emperador fueron asesinados, por lo cual se emprendió una campaña contra el pirata que le obligó a refugiarse en los mares del sur, cerca de Filipinas, explicó la investigadora durante su exposición.

Fue en estas aguas donde el pirata atacó a uno de los galeones que viajaban de Manila a la provincia de Fujian, se trataba de la Nao de China, la cual estaba cargada de plata. Esto despertó el interés de Limahon e intentó atacar Manila pero su flota fue derrotada y acorralada por los españoles.

Las autoridades chinas, al conocer la noticia de la captura de Limahon, extendieron un permiso oficial para que una embajada de españoles entrara al reino, en lo que se conoce como la Provincia de Fujian, al sur de China. La comitiva estaba integrada por frailes agustinos, quienes tenían la intención de quedarse para realizar su misión de evangelización.

El emperador chino ofreció permitirles el acceso hasta Pekín si entregaban vivo o muerto al pirata Limahon, sin embargo, éste escapó del cerco español en Manila y el permiso nunca llegó. De ese primer viaje se conservan los escritos del misionero agustino Martín de Rada, que fue uno de los primeros europeos en escribir sobre la China del Siglo XVI.

Ocho años después, otra misión de frailes, en este caso jesuitas, lograron entrar a China con la misión de evangelizar y para ello tuvieron que ganarse el respeto de los mandarines (quienes eran parte de la élite de la China imperial), adoptando las costumbres locales, aprendiendo el idioma y enseñando diversos conocimientos científicos de navegación y el cálculo.

Pero dado que en China no era un imperio propiamente religioso, las ideas del cristianismo no lograron expandirse más allá de algunos conversos, explicó Mayer.

Los misioneros jesuitas que evangelizaron en China tenían una idea más humanista del encuentro con el otro, gracias a la influencia de Bartolomé de las Casas, quien había denunciado los abusos que se habían cometido contra los indios en la Nueva España, lo que significó un reconocimiento de los errores en la enseñanza de la fe cristiana y que no podían repetirlos en tierras orientales, apuntó el historiador Zhang Kai, quien prepara su más reciente libro Sinología en España (1552- 2016).

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Y si bien el rey Felipe II consideró la idea de conquistar a China, pensando que podrían hacerlo como ocurrió en la Gran Tenochtitlán, esto fue descartado por la derrota de España con la Armada Invencible en la fallida invasión a Inglaterra.

Por su parte, el historiador Zhang Kai indicó que Felipe II, al juzgar por la sofisticación de las piezas de porcelana y arte chinas que llegaban hasta España, consideró que su nivel tecnológico era más elevado en comparación con el imperio azteca, por lo cual, la idea de invadir a China se descartó porque estaba condenada al fracaso. Nunca más ningún rey español se planteó de nuevo el conquistar al imperio de oriente.

Por otro lado, gracias a los intercambios de la Nao de China, la Ciudad de México se convirtió en un centro cosmopolita, ya que a la par que circulaban las mercancías y personas de diferentes nacionalidades, entre ellas había chinos y japoneses, también circulaban libros y, por ende el conocimiento, indicó la Dra. Mayer.

China también estaba explorando su expansión en el Océano Pacífico pero sólo llegaron a Filipinas, donde establecieron intercambios comerciales antes de que llegaran los españoles, apuntó Zhang Kai.

“China tenía productos desarrollados y España, junto con América, atesoraba metales preciosos. Esta situación propició el comercio multilateral, ya que gracias a esta Ruta los productos chinos llegaron a América”, explicó el historiador.

Los exploradores del Siglo XVI, que emprendieron viajes de al menos 4 meses, llenos de peligros, y que en muchos casos implicaban la muerte segura de los navegantes, estaban dispuestos a correr los riesgos porque tenían la convicción de que la vida eterna vendría después de la muerte, según la creencia cristiana de la época.

Ambos investigadores coincidieron en que el mundo de hoy no se podría entender, si no se hubieran descubierto las rutas marítimas que conectaron a América y Asia a través del Océano Pacífico.

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